A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre a buscado responderse de manera clara y convincente cual fue el inicio del universo; ese detonante de todas las cosas tal y como cada generación las ha ido conociendo de acuerdo a su tiempo.

La religión y la ciencia han sido dos grandes bloques de pensamiento, que las más de las veces se han contrapuesto, por que la aceptación de la esencia de su contraparte es la autodestrucción del núcleo que les rige.

Así, Dios es el creador de todo lo habido y por haber desde el inicio de los tiempos. Siendo el tiempo un invento de los hombres, surge éste ahora en la lógica divina, como el descubrimiento humano de un elemento de la creación primigenia, que permite biblicamente rescatar los seis lapsos de tiempo en que el ser supremo logró su magna labor, según lo refiere el documento central del grupo religioso que lo promueve.

Por otro lado, científicamente, el big bang es uno de los puntos de discusión más presentes entre la comunidad científica que ha logrado determinar teóricamente a partir del propio invento del tiempo, que al espacio le llevó casí catorce mil millones de años para llegar adonde se encuentra ahora, lo cual permite deducir, que en el proceso evolutivo del hombre que sustenta la propia comunidad científica, a éste, le llevó miles de millones de años para poder surgir en este mundo como un ser del universo, además de poder llegar a la conclusión de que el universo mismo está en expansión y que, en su origen era apenas un punto de energía.

En el ámbito del diseño podemos reconocer a un punto en función de su marco de referencia y a un tiempo como un momento determinado en el espacio, que nos permite llegar a principios básicos de desarrollo perspectivista; es así que ambas teorías dejan imprecisiones en sus precisiones, pero que en este momento, permiten reflexionar en la importancia de la relación del punto, tiempo y espacio.

En nuestra área de desarrollo, los diseñadores trabajamos con elementos, aparte de relación y prácticos, visibles y conceptuales[1], por lo que un punto puede surgir a partir del tiempo en que es ubicado en el espacio en función de su marco de referencia, sea éste visible o no.

Las características de la forma de un punto son: que debe ser comparativamente pequeño y que su forma debe de ser simple (Wong, 2005. p45), el desplazamiento de un punto en cualquier dirección forma una línea y el movimiento de una línea genera un plano así como éste último puede generar un volumen ilusorio en un diseño bidimensional, con lo que, con la interrelación de estos conceptos, a partir del punto se puede generar cualquier forma por compleja que sea independientemente del medio que se use para generarlas.

Mi teoría para nuestra profesión, es que el punto -visual o conceptual- es el principio desde el cual explota el elemento creativo independientemente de la magnitud del proyecto, cultura, política, religión, ciencia o cualquiera disciplina que interfiera o interactúe con él, surgiendo así el diseño per sé como el punto en sí, en función de su relación con sí mismo y con su marco de referencia.

[1]          Wong, Wucius. (2005). Fundamentos del Diseño, España: Editorial Gustavo Gilli

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Sobre El Autor

Maestrante en diseño y comunicación visual en la Unidad de Estudios de Posgrado (UEP) de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con orientación en Fotografía, animación, ilustración y multimedia. Diseñador de la comunicación Gráfica por la UAM. Ponente, conferencista, expositor fotográfico. Coautor en el libro “Persona y semejanza, Coloquio del retrato” con ISBN: 978-607-28-0343-5 con el tema “La Fotografía como detonante de imágenes. Retrato de la ciudad de México, fusión entre el ayer y el hoy desde el encuadre del fotógrafo Manuel Ramos”.

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